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Faetón

Era hijo de Apolo y de Clímene, según unas leyendas, de Helios (por su confusión con Apolo), según otras, y de Eos y Céfalo, para otras versiones, aunque como se verá con la lectura del artículo esta última versión supone una excesiva modificación del contenido por cuanto este perdería así su sentido. Se dice que era uno de los jóvenes favoritos de Afrodita.
Un día, Faetón tuvo una disputa muy grave con Epafo, hijo de Zeus y se trasladaron el uno al otro graves insultos. Epafo llegó a reprocharle que no era hijo de Apolo, diciéndole: "tu origen no nos es desconocido. Tu frágil madre ha fingido unos amores divinos para legitimar mejor su desarreglada conducta". El contrariado Faetón acudió rápidamente a casa de su madre y le pidió consejo para perpetrar una venganza o hallar algún modo de recuperar el honor perdido. Clímene aconsejó a su hijo que solicitara el permiso del Sol para conducir su carro aunque sólo fuera por un día para así demostrar a todo el mundo la verdad de su nacimiento.
Faetón solicitó presto ayuda a su padre, quien, enternecido por lo ocurrido, le juró por la laguna Estigia (lo que convertía el juramento en irrevocable) que no dejaría ninguna de sus súplicas sin desatender. Sin embargo, Apolo, al tiempo que debía ayudar a su hijo en la venganza de la afrenta ocurrida, temía horriblemente por lo peligroso de la petición que le había hecho. Intentó disuadirle, pues, de tales requerimientos, pero, como no lo consiguió, dispuso la preparación de su carro dorado.
Cuando Faetón había montado, y antes de que emprendiera el vuelo, Apolo le aconsejó que no subiera demasiado al cielo pero que tampoco estuviera muy cerca de la tierra, pues ambas cosas resultarían muy peligrosas. Sin embargo, Faetón no le hizo mucho caso, y, como además, los veloces corceles blancos enganchados al carro no estaban acostumbrados al mando que ahora los llevaba, subían al cielo y bajaban a la tierra sin control. Además, Faetón se asustaba de los signos del zodíaco cada vez que surcaba la bóveda celeste y eso le impedía serenarse. Así, debido a sus imprudencias, tan pronto quemaban el cielo como evaporaban los ríos. Y es que, fue por esta aventura de Faetón por la que, según la mitología, África perdió toda su vegetación y se convirtió en desierto y el color de piel de sus habitantes se tornó negro. Y también es este mito la justificación a la creación de la vía Láctea a causa de los incendios en el cielo.
La tierra gimió de desesperación y pidió a Zeus que detuviera tal tormento. Éste, mandó la muerte a Faetón, que cayó hecho un torbellino en el Erídano (el actual Río Po, al norte de Italia). Ante el dolor de su muerte su amigo Cicno quedó convertido en cisne. Sus hermanas, las Helíadas, recogieron su cuerpo, le rindieron honores fúnebres y lo enterraron. Sumidas en la tristeza sus lágrimas constituyeron el ámbar que se encuentra aún en ese río y después, fueron metamorfoseadas en álamos.
Según otra versión, Faetón fue educado como hijo del rey Mérope, con el que Clímene estaba casado, pero cuando se hizo más mayor su madre le confesó su verdadera paternidad y éste acudió a Apolo para comprobar si era verdad, lo que se demostró con el préstamo por parte de éste del carro del Sol.
La moraleja de esta leyenda es que los padres deben aprender a no ser excesivamente permisivos con los caprichos de sus hijos, porque, como en este caso, podrían procurarle la muerte.

2 comentarios:

  1. mn enreaidad esto esta bueno pero deves tratar de caambial algunas palabras complejas por otras mas simpleds

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    1. Se va a intentar cambiar algunas palabras complejas para un mejor entendimiento. Muchas Gracias por tu comentario

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